sábado, 23 de mayo de 2009

59 segundos en la Facultad de Somosaguas

Fuente: http://www.otromadrid.org/articulo/7784/segundos-facultad-somosaguas/

Debate “La izquierda a la izquierda del PSOE”

Bajo la adaptación del formato del programa ‘59 segundos’ de TVE tuvo lugar el pasado 20 de mayo el debate “La izquierda a la izquierda del PSOE”. Presentado por el profesor Pablo iglesias como “una innovación en las formas de comunicación” fue un espacio abierto a la discusión sobre las políticas de izquierda no presente en los medios de comunicación convencionales.

El acto, organizado por La Promotora (red de profesores), se celebró en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM. Como figuras políticas se contó con la presencia de Ángeles Maestro (Iniciativa Internacionalista), Enrique Santiago (Izquierda Unida), Esther Vivas (Izquierda Anticapitalista), Guillermo Zapata (portavoz de El Patio Maravillas) y Xosé Manuel Beiras (BNG). Por su parte, Carlos Fernández Liria, Carolina Bescansa, Nacho Escolar y Ramón Cotarelo figuraron como comentaristas.

El funcionamiento del acto estuvo basado en el formato del programa de televisión donde tras el planteamiento de cada tema por parte del presentador las figuras invitadas tienen 59 segundos para su intervención. Tras las personalidades políticas tuvieron el turno de palabra los comentaristas bajo un criterio de mayor a menor edad en los dos primeros bloques.

El primero de los temas abordó la crisis sistémica del capitalismo y las alternativas de la izquierda ante ésta. El presentador introdujo la cuestión incidiendo en “los niveles de pago escandalosos que derivan de la crisis del sistema capitalista”. Esto debería traducirse en un aumento de movilización de la izquierda radical. “¿Cuáles son las dificultades de la izquierda?” planteó.

Xosé Manuel Beiras (BNG) fue el primero en romper el hielo. Afirmó que “actualmente en el planeta existe una izquierda social pero no los puentes entre la sociedad política y civil”. Mientras éstos no se reestablezcan, “no hay nada que hacer”. Destacó la transformación que se está llevando a cabo en América del Sur, en el “centroperiferia”. Por su parte, Ángeles Maestro (candidata en las próximas elecciones al Parlamento europeo por Iniciativa Internacionalista que en el momento del debate se encontraba ilegalizada por el Tribunal Supremo) consideró que ante la situación actual “es el momento de alternativas políticas”. “El capitalismo no desaparecerá sino se le entierra”.

Enrique Santiago (IU) concretó que se trata de un problema de faltas de herramientas donde prima la individualidad al colectivismo. “tenemos mucho más que ganar que que perder si se cree en la reivindicación social”.

Esther Vivas (IA) aludió a la falta de voluntad política de las instituciones que dicen ser de izquierdas y de los gobiernos que privatizan los poderes públicos. Hizo hincapié en la necesidad de “otra forma de hacer política: en una lucha de la calle y la movilización social”. Fernández Liria añadió “la palabra tradición inconmensurable del PSOE, IU, CCOO y UGT”.

Ramón Cotarelo, catedrático de ciencia política, afirmó que desde los últimos cien años la acción política necesita una teoría, pero no la hay. “Sino hay teoría no puede haber práctica”. Ante este planteamiento Ignacio Escolar, del diario Público, no lo atribuyó a una “falta de propuestas o canales de comunicación” sino a “una falta de técnicas para llegar a la gente”. Asimismo, puso de relieve el papel de Internet en este proceso a través del ejemplo que la derecha está llevando a cabo con un proyecto en la red.

Europa y la concurrencia en las próximas elecciones al Parlamento Europeo como segundo bloque temático trajeron de la mano la puesta en la mesa de la ilegalización de Iniciativa Internacionalista por parte del Tribunal Supremo. Ángeles Maestro manifestó que “las ideas y la lucha no se ilegalizan. Si hay un valor es mostrar los límites de esta democracia que no tolera una llamada de atención. La unidad es la única salida: lo llaman democracia y no lo es

Carolina Bescansa, profesora de ciencia política, mostró un claro rechazo a la Ley de partidos: “ojala veamos la derogación de esta ley

Guillermo Zapata, en representación del Patio Maravillas, expuso su indiferencia ante las instituciones europeas y su incomprensión ante la participación de sus compañeros de mesa “será que no quieren ganar”. No es que no haya voluntad de ganar, pero una voz radicalmente antisistema debe ser oída en las instituciones, rebatió el profesor Liria. Esther Vivas (IA) planteó la presencia en la instituciones como una “caja de resonancia” para dar voz a los movimientos sociales. Asimismo, Beiras vió la necesidad de los movimientos sociales de proyectar sus iniciativas en los parámetros políticos si aspiran a tener hegemonía en el cambio.

El último de los asuntos abordados tuvo el protagonismo de la fragmentación de la izquierda que estuvo presente a lo largo de todo el debate. “Lo que importa es de que lado de la trinchera se está en el momento en que se golpea a los oprimidos y obreros” dijo Ángeles Maestro. Liria opinó que el enemigo está muy identificado: el capitalismo e hizo una gran incidencia en la lucha por Bolonia. Según Enrique Santiago (IU) es la descalificación permanente lo que impide la organización de la izquierda.

El acto fue cerrado con un homenaje al recientemente fallecido escritor Mario Benedetti con la lectura de su obra Oh quepis, quepis, qué mal me hiciste.La participación del público, a través del Comité por el público, dejó paso a diversas cuestiones como cuál es el modelo propuesto una vez derrotado el sistema capitalista que no pudieron ser contestadas en 59 segundos pero quedaron otras como la espontánea intervención musical de un asistente bajo la letra “para organizar la rabia, voy sembrando alegrías”.

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sábado, 2 de mayo de 2009

Esfera pública y universidad

Fuente: Diario Público


ARIEL JEREZ, CAROLINA BESANA Y PABLO IGLESIAS

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Los analistas sociales preocupados por el orden democrático, siempre conflictivo e inacabado, cada vez somos más conscientes –y estamos cada vez más preocupados– por la salud de nuestra esfera pública. Dentro de los diversos operadores que la gestionan, los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, juegan un papel políticamente conservador, más grave en el caso español, donde la reflexión sobre la independencia del llamado cuarto poder que iluminó la modernidad
occidental estuvo limitada por nuestro pasado autoritario, que va más allá del franquismo.
Los cierres y exclusiones que los medios operan en la esfera pública están en la base de la derechización de nuestras coordenadas ideológicas. Gracias a su capacidad de monopolizar agendas, en los últimos 30 años de democracia española hemos sido extenuados con millones de páginas y horas de información dedicadas al terrorismo y al nacionalismo, pero hemos contado con poca y mala información para pensar y deliberar sobre la calidad de las políticas sociales; sobre los límites de nuestra convivencia intercultural (tanto con los inmigrantes como entre las diversos sentimientos nacionales peninsulares); sobre un sistema electoral antipluralista o el modelo económico (con el que es imposible afrontar la crisis actual). Son los movimientos sociales, verdaderos publicistas de los intereses y de los actores de la sociedad organizada desde abajo, el motor que dinamiza su apertura, al tiempo que buscan vetar comportamientos ventajistas antidemocráticos.
Un interesante caso reciente lo hemos vuelto a tener con Rosa Díez (diputada de UPyD), que volvía a intentar arrancar su periplo electoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Convencida de tener garantizado el espectáculo idóneo para una organización oportunista como la suya, esta vez, sin embargo, los estudiantes le han dado una interesante lección democrática. El abucheo de febrero de 2008, instrumentalizado mediáticamente, le sirvió a Díez para ganar presencia en la esfera pública y, obvio, para conseguir un buen resultado electoral en Madrid (aparece casi como un momento fundacional en su artículo en Wikipedia). Varios profesores colaboraron en su estrategia de criminalización de la protesta –en prensa recibieron calificativos como filoterroristas, representantes del “fascismo rojo”– y se pidió mano dura con castigos ejemplares para cortar potenciales “efectos imitación”. La clave de su estrategia: conseguir la imagen bifronte de víctima de los “violentos” y heroína de la libertad
de expresión.
Curiosamente, los mayores aliados de la “progresista” Díez son Pedro J. Ramírez y F. Jiménez Losantos, que con Aznar fueron los articuladores del proyecto político neocon en España. Conviene recordar que en las coordenadas ideológicas de nuestra cultura política, estos señores logran presentarse en España como moderados y ponderados gestores del centro político. Al tiempo que actualizan, en clave españolista, la constelación de valores que desplegó el nacional catolicismo, hegemónico durante nuestra triste Historia contemporánea: unidad de España en peligro frente al separatismo; el espíritu de cruzada de un catolicismo pretendidamente mayoritario siempre amenazado por un laicismo que desafía su monopolio de interpretación del sentido de la vida española (biológica, social, cultural); la violencia autoritaria de la mano dura contra la disidencia, que tiene un trágico hilo conductor que conecta hogueras inquisitoriales, juicios sumarísimos de la Guerra Civil y del franquismo y la actual estigmatización del diálogo como mecanismo para resolver el conflicto vasco.

Sin embargo, esta vez su oportunista estrategia victimista fue desbaratada por el movimiento de estudiantes radicales, que la dejaron sin su foto para abrir portadas, telediarios y tertulias, con unos segundos de abucheos y empujones entre estudiantes, guardaespaldas y policías. Anunciaron, en cambio, una reversiva “Concentración españolista” de bienvenida a Díez –con lemas del tipo “España una grande y libre: Rosa Presidenta” “Otegui no me engaña, Vascongadas es España”, “España una y no cincuenta y una”, “más, más, más policía”, “español sí, dialectos no”–,
a la que irían disfrazados de curas, guardias civiles a lo Tejero, señoras bien y pijos engominados.
Al mismo tiempo invitaban a acudir al acto con gafas de sol al estilo Caiga quien caiga, como símbolo de rechazo pacífico (e irónico) a su estrategia oportunista, así como a formular preguntas inteligentes e incómodas durante la conferencia. Bastó que los estudiantes anunciaran esto para que UPyD diera marcha atrás y cancelara el acto, renunciando a debatir su programa.

Evidentemente el problema no es de libertad de expresión. Nuestros colegas (de pasado izquierdista casi todos ellos y que ahora se distancian de prácticas que utilizaron y justificaron en su juventud) deberían reconocerles a los estudiantes el mérito de este dispositivo simbólico de control democrático no institucional. Muchos de estos viejos profesores que “hicieron la transición” se muestran hoy incapaces de ver la democracia más allá de las cifras agregadas por las urnas, los estudios de audiencias y los sondeos de mercado, olvidando que, para que la democracia no sea un mero y frío procedimiento, tiene que asumir la radicalidad crítica del conflicto.
Esta nueva generación de estudiantes politizados se ha formado al calor de la explosión de las TIC y de las nuevas formas de protesta que los movimientos globales pusieron sobre el tapete político-mediático hace diez años en Seattle. Saben mejor que nadie que es necesario pinchar la burbuja especulativa del espectáculo político.

Ariel Jerez, Carolina Besana y Pablo Iglesias son Profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid